14 Junio, 2017 check2me

Los contenidos audiovisuales se enfrentan al reto del streaming

reto del streaming

Netflix se fue de Cannes con las manos vacías y una polémica a sus espaldas. Personalidades del mundo del cine cuestionaron la participación de una plataforma de vídeo bajo demanda en este tipo de festivales, que tradicionalmente han acogido a películas que habían sido estrenadas previamente en la gran pantalla.

La polémica ha vuelto a abrir el debate sobre la necesidad de que el cine se adapte al escenario que han creado los nuevos contenidos digitales. Es un camino que ya están recorriendo con éxito sectores como la música, los medios de comunicación o los videojuegos.

Cannes y parte de la industria han decidido seguir aferrándose a un pasado que ya no volverá, abucheando a Netflix en plena proyección de sus películas y cambiando las reglas para que en el 2018 no pueda presentarse a concurso ningún largometraje que no haya sido estrenado en cines franceses. Esto obligaría a las plataformas de streaming a no poder mostrar las producciones a sus usuarios hasta que no hayan pasado 3 años de su estreno en cines, algo que va totalmente en contra de su filosofía.

Las consecuencias inmediatas son negativas para los nuevos modelos de distribución, ya que les niega la repercusión que suponen los premios y aleja de ellos a directores que no quieren perder el prestigio que aportan los festivales, incluso si con ello ganan menos dinero. Pero a la larga, no será más que una anécdota de cómo la industria intentó retrasar lo inevitable.

Porque ya es una realidad que las plataformas digitales han cambiado la forma en que los usuarios consumen el contenido, y cualquier empresa que no esté preparada para aprovechar las posibilidades que ofrece esta nueva tecnología, estará perdiendo oportunidades de negocio.

 

El usuario quiere decidir cómo, cuándo y dónde consume el contenido

Esto no quiere decir que lo online vaya a sustituir a lo offline. Ir a las salas de cine es una forma de ocio que no desaparecerá en un futuro cercano, igual que la gente no ha dejado de ir a conciertos por tener Spotify. Pero la nueva competencia obligará a que los contenidos sean de mayor calidad, más económicos y adaptables a distintas plataformas.

Una muestra de ello es que las descargas ilegales han descendido en los últimos años y se han ido sustituyendo por modelos de suscripción. Se ha comprobado que los usuarios no tienen inconvenientes en pagar una cantidad razonable de dinero, si con ello van a tener más calidad o ventajas extra. De hecho, el éxito de la piratería radicaba en que no había una alternativa que diera la libertad a los usuarios para consumir vídeos, música o videojuegos, sin tener que moverse del sofá de su casa.

El aumento de la velocidad de Internet, los dispositivos móviles y la televisión conectada dan la posibilidad de decidir cómo, cuándo y dónde se consume el contenido, sin horarios ni restricciones. El usuario nunca antes había tenido tanto poder e influencia en la creación de los materiales audiovisuales, por una parte porque el entorno digital permite un feedback más inmediato y exhaustivo, y por otra, porque sus opiniones son mucho más visibles debido a las redes sociales. Queda en manos de los creadores de contenido escuchar al consumidor y adaptarse a sus demandas para no quedarse fuera del mercado.

 

 

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